La Ilusión del Ego

No hay permanencia en ningún  lugar excepto en nosotros mismos. E incluso allí, es tan profundo y tan difícil de encontrar, que la mayoría de la gente acepta la idea errónea de que la existencia de su ego, en constante cambio, es la única existencia real.

Saber cuál no es tu «Yo» real es el primer y más importante paso, para saber lo que realmente eres. De hecho, esto tiene un efecto liberador.

El ser humano es como un actor que se ha involucrado tanto al interpretar su papel, que ha olvidado su identidad original. Esto, efetivamente, evita que recuerde quién y qué es.

Una Sombra Transitoria

Extraemos la capacidad misma de vivir del Yo Superior, de la misma fuente tomamos el poder para pensar. Pero hemos confinado tanto a la capacidad como al poder; a una esfera pequeña, fragmentaria y predominantemente física. Dentro de este confinamiento, el ego está entronizado, servido por nuestros sentidos y gratificado por nuestros pensamientos.

La consciencia del ego es un eco tremendamente reducido e inconmensurablemente debilitado de la Consciencia del Yo Superior. El primero siempre está cambiando y disipándose al final, mientras que el Otro es siempre el mismo e inmortal. Pero el ego es extraído del Otro y debe regresar a él; por lo tanto, existe el vínculo. Además, también existe la posibilidad de regresar voluntaria y deliberadamente.

En última instancia, el ego es sólo una idea. Obtiene su realidad aparente de una fuente superior. Si hacemos el esfuerzo interior para buscar su origen, acabaremos encontrando a la Mente en la que se originó esta idea. Esa mente es el Yo Superior. Esta indagación es la Búsqueda. La auto-separación entre la idea y la mente, es que hizo posible su existencia, es el egoísmo.

Lo que comúnmente pensamos como el «yo» es una idea que cambia de año en año. Ese es el «yo» personal. Pero lo que sentimos más íntimamente como siempre presente en todas estas diferentes ideas del “yo”, es decir, el sentido de ser, de existir, nunca cambia realmente. Esto es nuestro verdadero y permanente «Yo».

… El Yo Superior nunca desciende ni asciende, nunca pierde su propia consciencia sublime. Lo que realmente hace  es algo que emana de él y consecuentemente, mantiene su capacidad y poder latentes, algo que es finito desde la infinidad del Yo Superior y se convierte, primero, en la simple unidad de vida y luego en el complejo ego humano …

Los pensamientos y sentimientos que fluyen como un río a través de nuestra consciencia constituyen el yo superficial. Pero debajo de ellos hay un yo más profundo que, siendo una emanación de la realidad divina, constituye nuestro verdadero yo.

No existe un ego real, sino sólo una rápida sucesión de pensamientos que constituyen el proceso del «yo». No existe una entidad separada formando una consciencia personal, sino sólo una serie de impresiones, ideas e imágenes que orbitan alrededor de un centro común. El cual está completamente vacío; el sentimento de que hay algo allí proviene de un plano totalmente diferente: el del Yo Superior.

… La personalidad es apenas una sombra pasajera; una sombra presupone una luz; existe la luz del ser real; renuncia a vivir en la sombra y muévete hacia la luz …

Como egos, ciertamente son vidas y seres individuales. Su separatividad es incuestionable. Pero como manifestaciones del Poder Vital Uno e Infinito, su separación de Él es una gran ilusión.

El ego personal del ser humano se forma a partir de la vida impersonal del universo, como una ola que se forma en el océano. Contrae, confina, restringe y limita esa vida infinita al área finita y pequeña. La ola hace exactamente lo mismo con el agua del océano. El ego bloquea tanto poder e inteligencia contenidos en el ser universal, que parece pertenecer a un orden de existencia completamente diferente y totalmente inferior. La ola también, debido a que sólo se forma en la superficie del agua, en su pequeña estatura no da ninguna indicación de la tremenda profundidad, amplitud y volumen del agua debajo de ella…

Con el cuerpo, los pensamientos y las emociones, el ego parece completarse como entidad. Pero, ¿de dónde sacamos este sentimiento de «Yo»? Sólo hay una forma de conocer la respuesta a esta pregunta: el camino de la meditación. Este excava un túnel debajo de los tres componentes mencionados y penetra en el residuo, que no viene a ser nada en particular, sólo el sentido del Ser-siendo. Y esta es la verdadera fuente de la noción del «Yo», el sentimiento de sí mismo. ¡Pero entonces! La fuente generalmente, no se revela a sí misma, por lo que sólo vivimos en su proyección, el ego. Estamos contentos de ser pequeños cuando podemos ser grandes.

Si pudiéramos inmovilizar este sentimiento de ser el «Yo», la individualidad que subyace a todo lo que pensamos, decimos y hacemos. Y si pudiéramos separarlo de los pensamientos, sentimientos y el cuerpo físico, al hacer esto, descubriríamos que está arraigado y vinculado al mayor Poder detrás de todo el mundo.

No es a través de ningún proceso intelectual de razonamiento desde la premisa hasta la conclusión, que llegamos a saber que existimos, sino a través de una intuición inmediata y espontánea.

Incluso el soldado con el trauma de batalla que sufre de una amnesia casi total, olvidando su identidad e historia personal, no sufre ninguna pérdida de consciencia de su existencia. Sus viejas ideas e imágenes pueden haber desaparecido temporalmente o incluso permanentemente, pero la mente en sí, continúa.

Ni el sueño profundo, ni la conmoción cerebral nos impiden recuperar el sentido del «Yo» cuando terminan.

El yo egoico es la criatura nacida del propio hacer y pensar, que cambia y crece lentamente. El Yo Superior es la imagen de Dios, perfecta, acabada e inmutable. Lo que tiene que hacer, si quiere darse cuenta, es dejar que el uno brille a través del otro.

¿Cómo sabrá y comprenderá que esta misma consciencia que es igual y que experimenta es un fragmento tan pequeño, es una parte limitada y condicionada de la misma Gran Consciencia, de Dios?

Lo que encontramos como atributos del ego es una imagen reflejada, limitada y cambiante de lo que encontramos en el Yo Superior. En última instancia, dependen del Yo Superior, tanto para su propia existencia como para su propia naturaleza.

Debido a que hay algo de Dios en mí como el Yo Superior, las cualidades y habilidades divinas están en mí. Soy esencialmente sabio, poderoso y amable; pero en la medida en que me identifico con el pequeño ego, oscurezco esas grandes cualidades …

Nuestro apego al ego es natural. Surge porque inconscientemente estamos apegados a lo que está detrás de él, al Yo Superior. Simplemente, nos dejamos llevar por la ignorancia para enfocarnos totalmente en el aparente «yo» e ignorar por completo el ser invisible y perdurable del cual el ego no es más que una sombra pasajera. El «yo» que se estremece o divierte con el paso del tiempo no es el «yo» real.

Es ridículo si esa parte de la mente que sólo está dentro de la consciencia personal, el ego, se pone en la posición de negar la Mente en sí misma, su propia Fuente. Porque el ego está encerrado en lo que experimenta y conoce, área muy limitada.

¿No es irónico que el Yo Superior proyecte al ego tan distante, que este niegue su origen y luego espera indefinidamente a que el ego retorne?

… ¿No es lógico que cuando la mente de una persona está llena de su yo, desbordante, no puede haber lugar para aquello que la trasciende, el Yo Superior?

Siga pensando en la diferencia entre el ego personal y el Yo Superior impersonal hasta que esté completamente familiarizado con ellos.

¿Es cierto que la mayoría de la gente sufre un error de identidad? …

Esta es la sorprendente contradicción de la vida humana: que aunque se lleva lo divino dentro de uno mismo, uno sólo es consciente y busca incansablemente su opuesto exacto.

Lo que él cree que es su verdadera identidad es sólo un sueño que lo separa de ella. Se ha convertido en una criatura curiosa, que acepta con entusiasmo la oscuridad que confina la vida del ego y le da la espalda a la luz resplandeciente de la vida del alma.

Tanto sufrimiento humano es consecuencia de errores humanos, y muchos de estos errores surgen de la ignorancia humana. La mayor de todas las ignorancias, que conduce a los mayores pecados y sufrimientos, es que el ser humano no sabe que es parte individualizada de una consciencia mayor. A pesar de que esta consciencia brilla a través de su ego, es parte de él, en el sentido de que tiene su propio lugar y existe como una entidad propia. Es esta consciencia, la que le permite a una persona actuar y pensar en el cuerpo físico y es su parte más divina. Cegada por el error del materialismo, la identifica con su propio cuerpo.

No podemos evitar vivir en un ego humano o incluso sentir sus deseos y necesidades, ya que la mayoría de nosotros estamos apasionados por él. Pero puede ser colocado en su lugar y mantenerlo allí; primero, a través de una comprensión profunda, luego mediante una aspiración elevada para trascenderlo y, en tercer lugar, siguiendo la Búsqueda hasta su fin.

La gente está atrapada dentro de sus pequeños egos. Están en la cárcel y no lo saben. En consecuencia, no piden, ni mucho menos buscan, la libertad.

El ego no despierto se somete pasivamente a las influencias inferiores, que le llegan de las sombras de su propio pasado y a las sugestiones que excitan los  sentidos, que le llegan del entorno externo en el que transita. Pero cuando ha encontrado y se ha rendido al Yo Superior, en el corazón, esta respuesta ciega y  mecánica llega a su fin; y una gobernación interior que es despierta, iluminada y plenamente consciente, la reemplaza.

Bien podemos preguntarnos, cómo la pasión animal, la astucia humana y la nobleza angelical pueden mezclarse en una sola entidad. Este es de hecho el misterio del ser humano.

Es tanto la ironía como la tragedia de la vida, el hecho de que, gastemos su cuota de años estrictamente limitada, en actividades que luego llegamos a ver como inútiles y en deseos que descubrimos que causan dolor cuando se cumplen. El moribundo, que ve la película de su pasado como un destello de revisión ante sus ojos mentales, descubre esta ironía y siente esta tragedia.

La rueda de la vida sigue girando y girando a través de diferentes tipos de experiencias y, lamentablemente, estamos atados a ella. Pero cuando finalmente logramos una comprensión de lo que es.

El sentido profundo de la vida no se pone ante nuestros ojos. Tenemos que investigarlo intensamente con mucha paciencia y perseverancia.

… El ser humano de hoy vive, se mueve y tiene su ser en el ego personal y continuará haciéndolo hasta que haya aprendido, adquirido comprensión, entendido totalmente y percibido completamente la verdad de la ilusión del yo individual …

… Si confía sólo en el pequeño ego para ser  suministrado, entonces debe aceptar todas sus estrechas limitaciones, su dependencia únicamente de los esfuerzos personales. Sin embargo, si mira más allá y reconoce que su verdadera fuente de bienestar está en el Yo Superior, con su Gracia milagrosa, sabe que todas las cosas son posibles para él. La esperanza, el optimismo y las altas expectativas hacen que su vida sea más rica, más abundante.


Estamos aquí en este mundo con un propósito más elevado, que el obvio propósito físico de la auto conservación, porque incluso el primero contribuye al segundo. Estamos aquí para evolucionar hacia la autoconciencia del Yo Superior. Cada experiencia física es sólo un medio para ese desarrollo espiritual.

El incesante deseo de felicidad personal que existe en todo ser humano es correcto, pero a menudo se confunde con la dirección en que la satisfacción es buscada. Porque todos los objetos y seres externos son capaces de producir sólo un placer pasajero e imperfecto, que nunca puede ser equivalente a la ininterrumpida felicidad de la vida en el Yo Superior.

… Este uso es lo que una persona debe hacer de su vida en la tierra: su vida personal, sus relaciones familiares, su carrera profesional – todo debe estar sometido al propósito superior. La determinación hecha, la cuestión del éxito o el fracaso ya no es urgente, ya que cada encarnación posterior apuntará en esa dirección. La filosofía le enseñó sobre la irrealidad del tiempo y le reveló su vínculo indisoluble con el Yo Superior …

La clave para la conducta correcta es negarse a la identificación con la naturaleza inferior. La ilusión hipnótica de que esa naturaleza es él mismo, tiene que romperse: la forma de romperla es rechazando toda sugerencia que provenga de ella, usar la voluntad para resistirla, usar la imaginación para proyectarla como algo ajeno y externo, usar los sentimientos  en aspiraciones por ser verdadero, y la mente para aprender a comprender lo que él es.

Recuerde que ninguna empresa o emprendimiento debería depender de los recursos limitados del ego. La humilde invocación de ayuda del Yo Superior expande esos recursos y tiene un valor protector. Al comienzo de cada día, de cada empresa, de cada viaje, y de cada trabajo específico e importante, recuerde al Yo Superior y, recordándolo, sea obediente a sus leyes. Busque su inspiración, su poder. Convertirlo en su socio silencioso es duplicar su eficiencia.

… Cuando sus debilidades son contrarrestadas por una seria aspiración y fe, si nunca abandona su Ideal pase lo que pase, si se aferra a su deseo de alcanzar conscientemente la unidad con el Yo Superior, como el objetivo más elevado que ofrece la vida; y mide todas las demás recompensas adecuadamente, entonces el estudiante siempre puede contar con la ayuda que lo ha llevado, con seguridad, a través de su momento de crisis.

No habría esperanza de salir de esta posición egocéntrica si no supiéramos estas tres cosas. Primero, el ego es sólo una acumulación de recuerdos y una serie de deseos, es decir, pensamiento; es una entidad ficticia. En segundo lugar, la actividad del pensamiento puede llegar a su fin en la quietud. En tercer lugar, la Gracia, el resplandor del Poder más allá de la persona, siempre brilla y está siempre presente. Si dejamos que la mente se aquiete profundamente y observe profundamente el instinto de autoconservación del ego, abrimos la puerta a la Gracia, que luego nos absorve amorosamente.

Vivir en el ego es vivir en el tiempo, vivir en el Yo Superior es vivir en la intemporalidad. Pero debido a que el ser humano debe vivir en ambos, para vivir realmente en la Tierra, debe aprender el arte de descansar en el eterno Ahora, el momento continuo que se abre a la eternidad.

Nos quejamos de los obstáculos del mundo a nuestras aspiraciones: el cuerpo es la piedra en nuestro camino. Sin embargo, si viviéramos siempre como espíritus incorpóreos, nuestro desarrollo espiritual necesitaría muchísimo más tiempo para realizarlo. El enfoque más nítido de la consciencia física acelera nuestro paso.

… Incluso un estudio filosófico de unos pocos años traerá un beneficio definitivo a la vida de un estudiante. Le ayudará de todas las formas, inconscientemente, aquí en la tierra y le ayudará mucho, definitivamente, después de la muerte durante su vida en el próximo mundo del ser.

¿Y si la meta parece demasiado lejana o la subida demasiado empinada? Haga todo lo que pueda para avanzar. Si le falta la fuerza para recorrer todo el camino, haga una parte del camino. Sus anhelos y obras espirituales influirán en la naturaleza de su próximo cuerpo y las condiciones de su próxima encarnación. No se perderá nada. Entonces, tendrá mayores capacidades y circunstancias más favorables si se las ha ganado. Toda virtud cultivada deliberadamente conduce a un renacimiento más placentero. Cada debilidad remediada conduce a la cancelación de una debilidad desagradable.

Los ancianos enfermos que se cansan del cuerpo y, por lo tanto, se cansan de sí mismos no tienen salida, salvo una mayor identificación con algo más grande que el yo-cuerpo.

Hay una gran alegría en esta creciente percepción del mayor significado de la vida, un profundo alivio en el conocimiento  siempre creciente de su propósito beneficioso.

En primer lugar, el descubrimiento del Yo Superior y, en segundo lugar, la entrega a él. Así, el individuo cumple el propósito más elevado de su vida en esta Tierra.